Dopamina y tecnología

No somos adictos a la tecnología, somos adictos a la sustancia que producimos gracias a ella.

La dopamina es un neurotransmisor que manda señales de bienestar, emociones “positivas”, sentimientos de euforia y felicidad, ¿te suenan familiares ese conjunto de sensaciones en una persona? Es el mismo cóctel de sensaciones que experimentan las personas adictas a sustancias como la cocaína y tal cuál, al momento de que se esfuman esas señales de alivio en el cuerpo viene el sentimiento de profunda tristeza o ansiedad; eso es lo que hace la dopamina en nuestro cuerpo y gusta tanto que se buscan estímulos para poder producirla y hemos descubierto que el uso de la tecnología nos hace de cierta manera “felices”.

La neurociencia es la encargada de estudiar y analizar las reacciones químicas del cerebro y los neurocientíficos están muy interesados en la afición y necesidad que ha generado el ser humano con la tecnología, ¿realmente somos adictos a ella?

El resultado de diversas investigaciones arroja que somos adictos a la dopamina que se libera con algo tan sencillo como una notificación de un mensaje de texto o un “like” en Instagram, recientemente la necesidad de aprobación ha crecido con la creación de “Tik Tok” y cuando nuestro video se hace viral nos sentimos tan bien que la acción de generar contenido crece o por el contrario ver videos nos produce sensación de bienestar.

Anna Lembke ha investigado sobre el fenómeno y asegura que “nuestra obsesión con la gratificación instantánea significa que vivimos constantemente en nuestro cerebro límbico, que procesa las emociones, en lugar de en nuestra corteza prefrontal, que se ocupa de la planificación futura y la resolución de problemas y es importante para el desarrollo de la personalidad”.

Lo anterior quiere decir que vivimos en la era de gratificación momentánea pero también las decepciones pueden perdurar por mucho tiempo hasta conseguir sentirnos bien nuevamente y así se genera un círculo sin fin.

De acuerdo con los expertos, lo más acertado es desapegarse de la tecnología por largas horas al día, para que la dopamina vuelva a su estado normal o natural y no se genere una adicción a la constante utilización de aparatos electrónicos o uso de redes sociales.

 

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